Hará apróximadamente un año, más o menos para la época en que corté con L., en una noche de depresión me metí en esos tan potables chats de Terra con el fin de burlarme y reirme mucho de los tipos desesperados de por allí y de paso aprovechar para que alguien me levante el ego y pasarle la dirección de aquel tan cordial compañerito de secundaria a los que tenían más pinta de degenerados sexuales. El azar quiso que me topara con Viktor (así lo llamaré, ya me conocen). Un tipo de unos cuarenta en la depresión de su vida. Casado, con un hijo y una hija, residente de Escobar, con auto y un trabajo de oficina por Barrio Norte. No me animé a preguntar pero probablemente sea algo mediocre y mal pago, como para ajustarse al patético cuadro de situación en el que está embebido.
Charlamos un rato y le pasé mi mail (el de verdad porque no tengo otro). No sé por qué lo hice, sinceramente. Tengo una debilidad por humillar hombres, en especial mayores y con vidas fracasadas.
El tipo me deseaba, me pedía que prenda mi cámara y me decía cosas irreproducibles. Me daba tanto asco imaginarme lo que podía estar haciendo del otro lado mirando mi pequeña fotito del MSN con mi cara de niño bien e inocente que le pedí que ponga su micrófono, de esa forma me sacaría cualquier tipo de duda. Le pasé un teléfono falso y allí quedó todo.
Conforme pasaban las semanas, el hombre en cuestión se ponía cada vez más jocoso y sus atropellos a la lengua castellana me empezaron a hartar. Quizás yo sea una mala persona, exigente, histérico, pero no puedo tolerar que alguien no escriba apropiadamente, ¿qué querés que te diga?
Terminé por desadmitirlo, ya me había divertito bastante. Además me daban pena sus hijos, sentía que yo podía ser uno de ellos. Bah, de hecho él mismo me lo dijo: "mi hijo tiene la misma edad que vos". Lo manipulé y le saqué el teléfono de la casa, sólo para escucharle la voz a su mujer, pero nunca llamé, por respeto y lástima (el peor sentimiento del mundo).
Pasaron los meses y hace muy poco, un mail en mi casilla lo trajo de vuelta. Lo readmití, todavía quiero jugar con él. Aún no lo ví conectado, pero intercambiamos varios mails por lo que asumo que ya aparecerá.
Dice que tiene dinero y que estaría interesado en invertirlo en algo importante. Me dijo algo así como que pensaba ponerlo en mis calzoncillos, por sobre mi sexy cintura. Quizás acepte. Muy probablemente.
En cuanto le conté a mi mejor amigo, su negativa fue inmediata. Me preguntó por qué lo haría si tengo tan buen pasar económico, un puesto jerárquico importante, no necesito el dinero y mucho menos problemas. El punto es que el dinero nunca es suficiente, tengo una debilidad por los problemas y tengo tan solo veinte años, ¿por qué no? Puede ser un poco extraño pero creo que me gusta la idea. Más que nada, las cuatro cifras en verde que me tiró me tienen obnubilado. Tanto que ya no pienso en él como una persona patética sino como alguien que en verdad sabe y puede obtener lo que quiere. Si juego con él o no, ese es otro punto que lo convierte en un pelotudo importante, pero ¡hey! la vida te dá por un lado y te quita por el otro.
Con todo esto de la gripe, me quedó un tiempo vacante desde las 6 de la tarde hasta las 12 que me voy a dormir, debo ir pensando como llenarlo y, sinceramente, mis ganas no apuntan a completar rompecabezas.
Me quedo pensando en lo que dijo sobre las inversiones...qué pelotudo. Onda, ¿quiere invertir en algo importante y me paga a mí para tener sexo? Qué se yo, no lo cuestiono. Después de todo: el cliente siempre tiene la razón.

